Sol Cultural

XIII CONCURSO DE MICRORELATOS SOL CULTURAL 2020

Este año se han presentado 1.113 relatos, muchos de países latinoamericanos: Argentina, Chile, México, Cuba, Venezuela, Colombia, Uruguay… y algunos también de EEUU, Canadá, Australia, Francia y Alemania, de los cuales, el jurado ha seleccionado 32 finalistas, que han sido publicados, entre las que se han elegido los premios.

ACTA DEL JURADO

En Santander, a 21 de diciembre de 2020.

Reunidos los miembros del jurado del Concurso de MicroRelatos de Sol Cultural 2020: Cristina Rioyo, Guillermo Balbona, Keruin P. Martínez, Marcos Díez y Miguel Meca, deciden por unanimidad otorgar los siguientes premios:

Primer Premio, dotado con 600 euros, al relato “Un Onetti” de Pedro Ramos Delgado.

Segundo Premio, dotado con 300 euros, al relato “Día 23 de reclusión” de Enrique Martín Salinero.

Además, el jurado ha decidido otorgar una mención especial a los relatos finalistas: “Amor confinado” de Miguelángel Flores, “Prevención” de José Quesada Moreno y “El menú más caro del mundo” de Esteban Torres Sagra.

Los relatos seleccionados por el jurado que pasaron a la fase final, además de los premiados y mencionados especialmente, fueron: «Deducción» de Tamara Bustamante Ponce, «En tu ventana o en la mía» de Inmaculada Bosch Racero, «Protocolo» de Eva Castillo Reyes, «Mis electrodomésticos en cuarentena» de M. Elena González Tapia, «Masterchef» de Juan Bouza Mera, «SOS» de Ángel Domínguez Meléndez, «Cuando venga» de José Ignacio Señán Cano, «Cuidado con lo que deseas» de Laura Mª Ruiz Rivas, «La película de cada día» de José A. Gago Martín, «Sintomatología» de Jesús Francés Dueñas, “Un fuerte olor a lejía” de Francisco Limonche Valverde, «Unidad de cuidados intensivos» de Iñaki Tolaretxipi Olaizola, «El canon de belleza» de Antonio Manuel Rodríguez Rodríguez, «Puta» de Maximiliano Jarque Blasco, «La parada de bus» de Lucas Rodríguez Arenal, «Tiempo en familia» de Esther Gómez Babin, «Prueba y error» de José Luis Chaparro González, «¡Vinceró!» de Laura Cabedo Cabo, «Mi vecino» de Yolanda Dorado Aguilar, «Metamorfosis» de Raquel Traverso Rodríguez, «Receta para una pandemia» de Javier Ruiz Beneyto, «Sin título» de Pau Ferrando Grimalt, «El único árbol que hay en mi calle» de Marta Isabel Gutiérrez Jiménez, «Ya falta poco» de Ignacio Cortina Revilla, «El rey majo» de Sheila Soblechero Moreno, «Un día como tantos otros» de Javier Carro Díaz y «Estornudos» de María Jesús Belmonte Mellado.

Todos ellos serán publicados proximamente en el libro de Fotografías y MicroRelatos premiados en los concursos de 2020.

 

RELATO PRIMER PREMIO, DE PREDRO RAMOS DELGADO:

Un Onetti

Siempre le hemos llamado hacer un Onetti, permanecer en casa cuando todo el mundo está fuera, cuando el convenio te obliga a salir, un sábado, un viernes por la tarde, un domingo por la mañana, una tarde de primavera, ponerse el pijama extemporáneamente, a las dos de la tarde, a las cuatro, sacar libros, cuadernos, instalar el proyector, revisar las películas pendientes, follar, cocinar a destiempo, algo distinto, algo con su receta y sus ingredientes nuevos, dejar morir el día, instalados en el sofá, en la cama, sobre la alfombra.

Juan Carlos Onetti vivió los últimos años de su vida encamado, no por enfermedad si no por voluntad propia. Allí escribía, se emborrachaba, fumaba una tonelada de cigarros baratos, jugaba con su perro, leía la prensa, invitaba a periodistas y amigos, recibía los más importantes premios literarios.

Siempre le hemos llamado, a quedarse en casa, hacer un Onetti. Hasta hoy.

 

RELATO SEGUNDO PREMIO, DE ENRIQUE MARTÍN SALINERO:

Día 23 de reclusión

8:45 am. Me levanto con la cínica ilusión del planazo para hoy. Nueve pasos al servicio, doce a la cocina.  Rutina de ejercicios mañaneros: dos vueltas al tapón de la leche, catorce levantamientos de magdalena seguidos de inmersión con doble tirabuzón carpado. 9:02 am. Bien, he mejorado mi tiempo. Pongo la lavadora, programa corto. La marcha atlética hasta el sofá me sirve de calentamiento para las tres abdominales que necesito para alcanzar el mando de la tele, la manta y el cenicero. He mejorado en una mi marca (ayer dejé demasiado lejos la manta). Repaso los canales. Sesenta, no han variado desde ayer. Tiendo la lavadora. Me lavo los dientes, 25 repeticiones por lado. Vuelvo a la tele. Hay los mismos canales que hace una hora. Recorro la alfombra, tres pasos, treinta veces. Encuentro un calcetín tirado. Pongo otra lavadora. Y mañana día 24.

 

RELATO FINALISTA, DE MIGUELÁNGEL FLORES:

Amor confinado

Conocí a mi mujer durante el primer confinamiento. No es que un día nos encontráramos comprando lejía, no, ya estábamos casados. Pero apenas sabía de ella. Ni ella de mí. No hablábamos. Recordaba que de solteros nos volvía locos Supertramp. Y las chufas de la feria. Poco más. Hoy nada se sabe de los primeros, ni encuentras chufas en los puestos. De hecho, ya nunca vamos a la feria. Ahora, con razón pandémica añadida, a la feria ni a ningún sitio.

Después de tres semanas compartiendo sofá, hartos de coincidir por el piso, de oírnos respirar callados, comenzamos a comunicarnos. Un día le solté lo guapa que estaba cuando recién se lavaba el pelo. Ella me dijo que la barba así, dejada, me daba un aire entre intelectual e indómito.

Y ahora, que ven probable otro confinamiento, se me acelera el corazón imaginando verla salir de la ducha.

 

RELATO FINALISTA, DE JOSÉ QUESADA MORENO:

Prevención

Tras las primeras muertes y hospitalizaciones avisaron a sus trabajos y al colegio de sus hijos de que no irían en una temporada, compraron un congelador que bajaron al sótano junto a algunos enseres de cocina, instalaron una ducha de campaña, tiraron un cable para la luz, alargaron la antena de la televisión y el hilo del wifi, bajaron el sofá, los colchones, seis mantas, libros, tres mudas de ropa para cada uno y una baraja española, en el supermercado llenaron el maletero con cajas de leche, legumbres, carne congelada, harina de repostería, aceite, galletas, pasta de dientes, papel higiénico, un bote de silicona y un rollo de cinta americana, cerraron la puerta del sótano tras ellos, sellaron sus junturas, se miraron, preguntándose cuánto duraría el encierro preventivo que se habían impuesto, se acomodaron entre el sofá y los colchones, se volvieron a mirar, y el pequeño tosió.

 

RELATO FINALISTA, DE ESTEBAN TORRES SAGRA:

El menú más caro del mundo

El confinamiento me pilló en la Biblioteca Nacional recabando documentación para mi tesis. Ya llevo tres semanas. Nadie se dio cuenta y me quedé encerrado entre incunables y códices. Mandé mensajes de socorro pero, al parecer, los ujieres no pueden venir todavía por miedo a la propagación de la enfermedad. Me he fabricado una mascarilla con las gomas de mi carpeta y la primera página de un manuscrito de Alfonso X. Mastico pergaminos del siglo XVI: son los mejores -porque saben a cuero- y empecé a beberme mis orines hasta que me di cuenta de que tenía acceso libre a los lavabos. Como vacuna contra el aburrimiento, desde que se me agotaron las baterías, hago papiroflexia con las láminas que menos me gustan y preparo pruebas en mi defensa para cuando termine el coronavirus y Patrimonio evalúe lo que le ha costado su negligencia.